60 parlamentarios dicen no a la fumigación de parques naturales y alertan sobre la utilización de hongos en la erradicación de la coca

Por MOIR

 

Ante la protesta elevada por un amplio número de organizaciones y personas en contra de la decisión de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia de fumigar con glifosato, poea y cosmoflux los parques naturales del país.

Ante la protesta elevada por un amplio número de organizaciones y personas en contra de la decisión de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia de fumigar con glifosato, poea y cosmoflux los parques naturales del país, la ministra de Medio Ambiente anunció la suspensión de dicha medida, pero el gobierno mantuvo vigente la Resolución 013 de 1993 en la que se sustenta, lo que significa que pueden reimplantarla en cualquier momento.

De otra parte, existen documentos del Departamento de Estado de los Estados Unidos y de la Embajada de Colombia en ese país en los que se propone intentar nuevamente el empleo de micoherbicidas (hongos con propiedades de herbicidas) en contra de los cultivos de coca y amapola, lo que atentaría de manera gravísima contra el medio ambiente de los colombianos.

Los representantes y senadores colombianos abajo firmantes expresamos nuestro desacuerdo con la fumigación aérea de los parques naturales de Colombia y, en consecuencia, solicitamos la derogatoria de la Resolución 013 de 2003 que la autoriza, al tiempo que desde ya rechazamos cualquier intento de utilizar micoherbicidas en el país, un arma de la guerra biológica.

Bogotá, 30 de marzo de 2004.

Senadores:

Jorge Enrique Robledo, Mauricio Jaramillo, Hugo Serrano Gómez, Gerardo Jumí, William Montes, Julio Manzur, Carlos Gaviria Díaz, Luis Carlos Avellaneda, Antonio Javier Peñalosa, Félix Efrén Tarapués, Jaime Dussán, Antonio Navarro, Jesús Bernal, Francisco Rojas Birry, Samuel Moreno, Bernardo Alejandro Guerra.

Representantes:

Pedro Arenas, Luis Edmundo Maya, Germán Navas Talero, Venus Albeiro Silva, Wilson Borja, Alexánder López, Hugo Ernesto Zárrate, Octavio Benjumea, Miguel Rangel, Jesús Ignacio García, Jorge Carmelo Pérez, Armando Amaya, César Laureano Negret, Alfredo Cuello, Luis Eduardo Sanguino, Guillermo Rivera, Dixon Tapasco, Lorenzo Almendra, Guillermo Santos, Sandra Velásquez, Fabio Arango, Miguel Arenas, Francisco Almario, Luis Antonio Serrano, Luis Fernando Velasco, Gustavo Petro, Ómar Flórez, Joaquín Vives, Ómar Baquero, Buenaventura León, Óscar Wilches, Clara Pinillos, Marco Tulio Leguizamón, Manuel José Caroprese, Gustavo Lanziano, Willington Ortiz, Miguel Durán, María Teresa Uribe, Adalberto Jaimes, Germán Velásquez, Martha Lucía Salamanca, Janio López, Julián Silva, José Casabianca.

SOBRE EL TRANSMILENIO

Intervención del Senador Jorge Enrique Robledo

Plenaria del senado del 30 de marzo de 2004

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Gracias, señor presidente:

Sin duda que el Transmilenio, en lo técnico, es un avance. Lo que habría que preguntarse es ¿un avance con respecto a qué? Frente a ese caos premoderno que había o que hay todavía en una parte grande de Bogotá, sin duda que es un avance. Sobre todo en las fotos desde afuera, en las que luce bastante mejor. Pero por supuesto que los que algo entendemos de esto no nos dejamos descrestar por una solución que está lejos de ser auténticamente civilizada.

Anotemos que el pasaje es 22 por ciento más costoso que el transporte tradicional del resto de Bogotá, y que 22 por ciento en transporte público masivo, doctor Peñalosa, usted lo sabe, es un alza bien considerable. Para una familia de cuatro personas son 48.000 pesos más al mes en pasajes y un costo total de 264.000 pesos, suponiendo dos viajes al día, cifra que se empieza a acercar a un salario mínimo. Luego este es un sistema que por definición excluye a todos o a casi todos los bogotanos de estratos uno y dos.

El otro hecho que hay que señalar, también muy grave, es que es un sistema que se monta sobre el modelo de la privatización. El Estado pone 1.900 millones de dólares, una suma apreciable, para que siete señoritos se aprovechen de esa circunstancia para montar un negocio fabuloso. Y cuando digo negocio fabuloso es porque está dando utilidades del orden del veinte por ciento, un porcentaje escandaloso aquí y en Cafarnaún. Veinte por ciento de utilidad que se obtiene sobre un hecho no mencionado aquí: los buses lucen muy bonitos vistos desde afuera, pero ¿cómo van los colombianos que viajan dentro ellos como sardinas en lata, en condiciones iguales o peores a las del desastroso transporte al que supuestamente está sustituyendo?

Hay otro hecho que se ha silenciado, y es el desastre financiero que significa el proyecto de Transmilenio. Los costos presupuestados se han multiplicado por tres. Se presupuestó construir las vías a cinco millones de dólares el kilómetro, y están costando quince. Lo que quiere decir que los aportes del Distrito y la Nación no alcanzan para concluir la obra. En este momento ya se habla de que la Nación tendría que poner 2.400 o 2.500 millones de dólares más para poder alcanzar las metas hacia el año 2015, y si eso no es un desastre financiero, pregunto yo: ¿qué lo es entonces? ¿O es que no importa que el proyecto se justifique con un beneficio-costo de 2 a 1, se disparen los costos tres veces y el cálculo costo-beneficio siga siendo el mismo?

Conviene que los bogotanos le echen ojo a otro aspecto de suma importancia. En la medida en que entren más troncales a funcionar, va a disminuir el promedio de viajeros en los buses, lo que generará dos situaciones inevitables: al haber menos pasajeros por bus, o se suben las tarifas para compensar la caída de la tasa de ganancias de los inversionistas privados, o habrá que hacinar todavía más a los bogotanos en esos buses.

Soy arquitecto, profesor universitario durante 27 años, y algo entiendo de estas cosas. Desde el punto de vista técnico, en un primer análisis elemental, es un despropósito que se monte un sistema de transporte masivo urbano donde el pasajero tenga que ir al centro de la calzada a tomar el vehículo. Es obvio que el bus se debería coger en el andén, como ocurre en los países civilizados, evitando toda esa parafernalia. Y aquí surge otra pregunta: ¿por qué en esos países civilizados no hay que hacer cabinas ni nada, sino que simplemente se fija un poste con un letrero, y la gente toma el bus? También me parece un despropósito técnico que para que circule un bus en una dirección y otro en sentido contrario haya que poner cuatro carriles, cuando con dos es suficiente. Este es un debate que requiere de un análisis técnico cuidadoso que habría que adelantar con más tiempo.

Lo que con estas cifras elementales quiero mostrar es un solo hecho: que desendiosen a Transmilenio los que no montan en él, los que tienen que ponerse tenis y bluyines para irlo a conocer, y juzguémoslo como es, como eso que yo estoy señalando, un sistema que técnicamente es superior a lo que había, pero porque en país de ciegos el tuerto es rey. Es un sistema supremamente costoso, que excluye a los más pobres; un sistema que le montó un negocio de escándalo a siete señoritos, que no sé qué vínculos tengan con quién; un sistema que está produciendo un hacinamiento de los bogotanos en condiciones humillantes, peor que sardinas enlatadas; un sistema que está quebrado en su concepción original, porque no resiste análisis financiero, y un sistema y esto es lo peor, que va a terminar generando más incrementos en unas tarifas ya de por sí bastante altas.

Tomado de: http://www.deslinde.org.co y http://www.moir.org.co