La
fumigación de parques nacionales que
planean los gobiernos de Colombia y
Estados Unidos provoca intensas
discusiones científicas y jurídicas;
pero el diluvio que dejarán caer los 82
aviones asperjadores no será de
conceptos abstractos ni de incisos, sino
de un producto químico inventado para
destruir la naturaleza. Sus gotas no
salpicarán mapas, sino bosques. Y los
perjudicados no serán los congresistas
gringos, como el señor Dan Burton, que
exige que fumiguemos con pesticidas
mucho más dañinos, sino indígenas,
colonos, árboles, cultivos legales,
animales, aguas...
El
testimonio que ofreceré enseguida
refleja la realidad tangible que queda
después de que el glifosato ha empapado
la selva. Es de 'Paquita', persona
vinculada a la ONG francesa Tchendukua,
que ayuda a los koguis a recuperar
tierras en la Sierra Nevada de Santa
Marta. Desde 1997, Tchendukua ha
comprado 2.000 hectáreas en un rincón
natural llamado La Luna y las ha
escriturado a la comunidad indígena.
"Por primera vez desde la llegada de los
españoles -dice Paquita- los koguis
tenían una tierra baja para ellos.
Estaban felices y esperanzados. En junio
del 2004, su territorio fue declarado
reserva natural. Se supone que era un
lugar protegido. Quince días después
llegó un avión de DynaCorp (contratista
estadounidense para esta clase de
trabajos) y fumigó. Pasó una sola vez,
pero el desastre fue total. Los cultivos
están muertos y los koguis tienen
hambre. La comunidad trabajó cinco años
para regenerar la tierra y ahora toda la
región está contaminada. Habrá que
esperar años para sembrar de nuevo. Lo
peor es que ni siquiera había cocales en
La Luna. Hay que llamar las cosas como
son: enfrentamos una guerra química."
La guerra
química contra los parques nacionales
arruinará nuestro más valioso patrimonio
natural, y su devastación será en vano.
Tenemos que combatir a mafiosos y
narcotraficantes, que tanto daño le han
infligido a Colombia. Pero con la
fumigación le haremos más daño a la
naturaleza que a los cultivadores
ilícitos. Así lo indican los informes
que publicaron la semana pasada dos
periódicos de fama mundial: el New
York Times y el Financial Times.
El 27 de
abril, a raíz de la visita de
Condoleezza Rice a Colombia, el NYT
escribió: "Cinco años y 3 mil millones
de dólares después de iniciar aquí la
más agresiva operación antinarcóticos,
funcionarios colombianos y
estadounidenses señalan que han
erradicado la cifra récord de un millón
de acres de cocales, pero la cocaína
sigue tan disponible como antes, o aun
más, en las calles norteamericanas."
Agrega que la oferta de esta droga sube,
su precio permanece estable y su pureza
ha mejorado. Los funcionarios se
declaran "desilusionados y perplejos".
Cita el
NYT al congresista demócrata George W.
Meeks, que acompañó a Rice a Colombia, y
exige evaluar cómo se gasta el
presupuesto contra la droga porque "en
mi vecindario (Nueva York) no vemos
ningún efecto favorable". También
entrevista al general Jorge Daniel
Castro, director de la Policía. Según
él, los narcos sacan tres o cuatro
cosechas anuales al cocal, así que con
la fumigación pierden solo una cosecha y
enseguida vuelven a plantar. (En cambio,
el daño a la naturaleza es prolongado o
permanente).
El
Financial Times, a su turno, informa
que "la guerra contra la droga no ha
funcionado", y que se han gastado miles
de dólares del erario en actividades
antinarcóticos de limitado éxito. Dice
el informe: "La política nacional e
internacional sobre droga de las últimas
cuatro administraciones estadounidenses
ha sido un fracaso". Escribiendo en el
prestigioso diario, Juan Tokatlián no
vacila en declarar que dicha política ha
servido para engordar a los narcos, cada
vez "más ricos y poderosos", pero, por
su calamitoso resultado general, "está a
punto de derrumbarse".
Hace seis
meses explicó la revista Wired
por qué es inútil la fumigación: los
cultivadores ilícitos han desarrollado
una coca llamada "la millonaria" o
"boliviana negra", a la que apenas hace
mella el glifosato. Pero mientras los
cocales sobreviven sin problemas al
veneno, el resto del medio natural no.
La
situación llevó al embajador en
Washington, Luis Alberto Moreno, a
recomendar la erradicación manual en vez
de la ducha de glifosato. Entre tanto,
el Defensor del Pueblo ha advertido al
Gobierno que fumigar los parques
violaría numerosas leyes y atentaría
contra tratados internacionales
suscritos por Colombia.
Hay un
grupo de congresistas que, consciente
del crimen, lo está denunciando. Pero
echa uno de menos a otras entidades
fiscalizadoras. Ningún fiscal mejor, sin
embargo, que los ciudadanos. Por ello
invito a quienes quieran proteger
nuestros parques a que envíen su
protesta a alguno de los siguientes
buzones:
auribe@presidencia.gov.co
(Presidente Alvaro Uribe)
ricardogalan@presidencia.gov.co (Jefe
de comunicaciones de Palacio)
www.ecolombia.org/parques.htm (ONG
defensora de los parques)
plancolombia@aida-americas.org
(ONG evaluadora del Plan Colombia)
Si
queremos tener parques, hay que
defenderlos hoy. Mañana quedarán solo
los vestigios pelados de la guerra
química.
cambalache@mail.ddnet.es