Daniel Samper Pizano
CAMBALACHE

La guerra química de un modelo fracasado
 


(4 de mayo de 2005)
 

La prensa internacional concede que la guerra antidroga se está perdiendo: ¿y a ese desastre le vamos a sacrificar los parques nacionales?

 

La fumigación de parques nacionales que planean los gobiernos de Colombia y Estados Unidos provoca intensas discusiones científicas y jurídicas; pero el diluvio que dejarán caer los 82 aviones asperjadores no será de conceptos abstractos ni de incisos, sino de un producto químico inventado para destruir la naturaleza. Sus gotas no salpicarán mapas, sino bosques. Y los perjudicados no serán los congresistas gringos, como el señor Dan Burton, que exige que fumiguemos con pesticidas mucho más dañinos, sino indígenas, colonos, árboles, cultivos legales, animales, aguas...

El testimonio que ofreceré enseguida refleja la realidad tangible que queda después de que el glifosato ha empapado la selva. Es de 'Paquita', persona vinculada a la ONG francesa Tchendukua, que ayuda a los koguis a recuperar tierras en la Sierra Nevada de Santa Marta. Desde 1997, Tchendukua ha comprado 2.000 hectáreas en un rincón natural llamado La Luna y las ha escriturado a la comunidad indígena. "Por primera vez desde la llegada de los españoles -dice Paquita- los koguis tenían una tierra baja para ellos. Estaban felices y esperanzados. En junio del 2004, su territorio fue declarado reserva natural. Se supone que era un lugar protegido. Quince días después llegó un avión de DynaCorp (contratista estadounidense para esta clase de trabajos) y fumigó. Pasó una sola vez, pero el desastre fue total. Los cultivos están muertos y los koguis tienen hambre. La comunidad trabajó cinco años para regenerar la tierra y ahora toda la región está contaminada. Habrá que esperar años para sembrar de nuevo. Lo peor es que ni siquiera había cocales en La Luna. Hay que llamar las cosas como son: enfrentamos una guerra química."

La guerra química contra los parques nacionales arruinará nuestro más valioso patrimonio natural, y su devastación será en vano. Tenemos que combatir a mafiosos y narcotraficantes, que tanto daño le han infligido a Colombia. Pero con la fumigación le haremos más daño a la naturaleza que a los cultivadores ilícitos. Así lo indican los informes que publicaron la semana pasada dos periódicos de fama mundial: el New York Times y el Financial Times.

El 27 de abril, a raíz de la visita de Condoleezza Rice a Colombia, el NYT escribió: "Cinco años y 3 mil millones de dólares después de iniciar aquí la más agresiva operación antinarcóticos, funcionarios colombianos y estadounidenses señalan que han erradicado la cifra récord de un millón de acres de cocales, pero la cocaína sigue tan disponible como antes, o aun más, en las calles norteamericanas." Agrega que la oferta de esta droga sube, su precio permanece estable y su pureza ha mejorado. Los funcionarios se declaran "desilusionados y perplejos".

Cita el NYT al congresista demócrata George W. Meeks, que acompañó a Rice a Colombia, y exige evaluar cómo se gasta el presupuesto contra la droga porque "en mi vecindario (Nueva York) no vemos ningún efecto favorable". También entrevista al general Jorge Daniel Castro, director de la Policía. Según él, los narcos sacan tres o cuatro cosechas anuales al cocal, así que con la fumigación pierden solo una cosecha y enseguida vuelven a plantar. (En cambio, el daño a la naturaleza es prolongado o permanente).

El Financial Times, a su turno, informa que "la guerra contra la droga no ha funcionado", y que se han gastado miles de dólares del erario en actividades antinarcóticos de limitado éxito. Dice el informe: "La política nacional e internacional sobre droga de las últimas cuatro administraciones estadounidenses ha sido un fracaso". Escribiendo en el prestigioso diario, Juan Tokatlián no vacila en declarar que dicha política ha servido para engordar a los narcos, cada vez "más ricos y poderosos", pero, por su calamitoso resultado general, "está a punto de derrumbarse".

Hace seis meses explicó la revista Wired por qué es inútil la fumigación: los cultivadores ilícitos han desarrollado una coca llamada "la millonaria" o "boliviana negra", a la que apenas hace mella el glifosato. Pero mientras los cocales sobreviven sin problemas al veneno, el resto del medio natural no.

La situación llevó al embajador en Washington, Luis Alberto Moreno, a recomendar la erradicación manual en vez de la ducha de glifosato. Entre tanto, el Defensor del Pueblo ha advertido al Gobierno que fumigar los parques violaría numerosas leyes y atentaría contra tratados internacionales suscritos por Colombia.

Hay un grupo de congresistas que, consciente del crimen, lo está denunciando. Pero echa uno de menos a otras entidades fiscalizadoras. Ningún fiscal mejor, sin embargo, que los ciudadanos. Por ello invito a quienes quieran proteger nuestros parques a que envíen su protesta a alguno de los siguientes buzones:

auribe@presidencia.gov.co         (Presidente Alvaro Uribe)
ricardogalan@presidencia.gov.co (Jefe de comunicaciones de Palacio)
www.ecolombia.org/parques.htm (ONG defensora de los parques)
plancolombia@aida-americas.org  (ONG evaluadora del Plan Colombia)
 

Si queremos tener parques, hay que defenderlos hoy. Mañana quedarán solo los vestigios pelados de la guerra química.

cambalache@mail.ddnet.es